domingo, 23 de diciembre de 2007

Una vida que se va; una vida que se queda

Antes de nada, desearos a todos unas felices fiestas y, en especial, una feliz nochebuena y Navidad. Estos días no he escrito nada por varias razones: el viaje de vuelta, la comida de reencuentro en el Círculo con los amigos, pero sobre todo la delicada situación de salud de mi abuela, que se nos va poco a poco, apagandose casi al mismo tiempo que este 2007.

Por ello me gustaría comenzar con una frase de Antonio Machado:

"La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos".

Pero de lo que realmente quiero hablaros (al menos empezar a hacerlo) es de otra historia, la de Caroline Aigle, que espero que complemente mi post anterior referente al aborto.

Lo que a continuación voy a escribir es un pequeño resumen, seleccionado por mí, del artículo: "Valiente en el cielo, heroica en la tierra", aparecido en la revista Mundo Cristiano de Noviembre de 2007. Algunos sabreís que no soy creyente, pero creo que los actos de esta mujer están a otro nivel de motivación, no ya religiosa sino humanista, y que representan la esencia misma del sentimiento maternal y del respeto a la vida ajena.

Caroline Aigle, primera francesa piloto de cazas, renunció a un tratamiento de cáncer para salvar su embarazo.


Fue la primera mujer en pilotar un caza de la Armada francesa, e iba a convertirse en astronauta. Ingeniera, excelente deportista, madre de familia, lo tenía todo. El pasado 12 de septiembre habría cumplido 33 años. Pero falleció el 21 de agosto. No por un accidente de aviación. Un cáncer se llevó la vida de Caroline Aigle, y Francia entera sigue llorando la muerte de esta valiente mujer que estaba embarazada de cinco meses cuando supo que padecía la enfermedad terminal y optó por postergar su tratamiento para que su hijo Gabriel pudiera nacer.

Caroline Aigle falleció el 21 de agosto de un cancer fulminante. Había recibido la noticia de la enfermedad semanas antes, a mediados de julio, cuando ya se encontraba embarazada de su segundo hijo. Lejos de derrumbarse, se enfrentó a la adversidad y no hizo caso a los médicos, que le aconsejaron abortar para intentar un tratamiento que le alargase la vida. Junto a sus esposo, decidió dar una oportunidad al no nacido y así, Gabriel vino al mundo a principios de agosto, con sólo cinco meses y medio de gestación. Nació con problemas y continúa luchando, pero tiene muchas posibilidades de salir adelante. En una entrevista en televisión, Christophe, su marido, declaraba: "No podía detener la vida de un ser que había llevado dentro cinco meses. Caroline me dijo: `Tiene tanto derecho a tener posibilidades como yo´". Para su esposo, este embarazo fue "su último combate y lo ganó". Antes de morir pudo ver a su hijo varias veces y llevarlo en brazos. "Fue heroica hasta el final", asegura.

La verdad es que la historia es realmente conmovedora, pero lo que más me llama la atención es la determinación de esta chica, su firme convicción de que su hijo debía tener las mismas posibilidades de sobrevivir que ella. También es impresionante que su marido la apoyase en su decidión, sobre todo por que yo no se si podría hacerlo si me tocase a mí una situación tan terrible como ésta.

Consuela saber que aun quedan muchas mujeres con este brutal instinto maternal en su interior mientras otras, con sus cerebros lavados por los pensamientos feministas, consideran que ser madres es otra forma de sexismo y, cada vez en mayor número, deciden por ello no tener hijos.

¡Saludos a todos!

P.D.: En principio, durante las fiestas navideñas no escribiré nada nuevo, sobre todo hasta que no se produzca el desenlace del calvario de mi abuela. No serán estas las navidades más felices para mí, pero al menos, la familia estará más unida que nunca, aunque sea en la pena, el llanto y el recuerdo.