Por fin se desveló la gran incógnita: Alberto Rúiz Gallardón no irá en las listas del PP al Congreso. Y yo me alegro mucho. Por varias razones:1. Me parece que Alberto es otro político de la "escuela del talante", alguien que gusta a la gente porque nunca se muestra tajante ni contundente, y en los tiempos que corren para nuestro país no podemos andarnos con artificios lingüisticos para evitar pronunciarnos sobre temas claves para el futuro de nuestra sociedad y de nuestra identidad nacional.
2. Es el estereotipo de político "trepa"... Desde 1986 cuando prefirió no abandonar Alianza Popular junto a su compañero (de aquel entonces) Jorge Vestrynge a cambio de ser nombrado Secretario General por su -desde entonces gran valedor- Manuel Fraga, hasta nuestros días, cuando se encaprichó por ir en las listas al Congreso... no porque le interese trabajar junto a Rajoy por España, sino porque sabe que ante la más que posible derrota de Mariano sus posibilidades de sucederle pasan indefectiblemente por ser parlamentario.
3. Este señor tiene un compromiso con el 55'54% de los madrileños, que le volvieron a elegir hace menos de un año como Alcalde de la mayor ciudad de España. Eso de "he sido derrotado" y "quiero dejar la política" suena a pataleta de niño pequeño, que cree saber que los Reyes Magos le van a traer el regalazo que ha pedido y el día 6 no lo encuentra bajo el árbol. Yo creo que sus votantes del PP en Madrid no entenderían que se fuera; sería el mayor desdén hacia un cargo tan importante como el de Alcalde de la capital (objetivamente más importante que muchas de las Carteras Ministeriales). Incluyo aquí la respuesta que el propio Gallardón dió a un internauta en un encuentro digital en elmundo.es:
5. Acostumbrado a ganar en sus últimas batallas electorales, qué heridas le quedan de la tremenda derrota que sufrió en su propio partido a manos de Esperanza Aguirre?
La convicción de que mi proyecto no era mayoritariamente apoyado por mis compañeros de partido. Y en política, cuando se pierde, como yo perdí, tienes que aceptar la voluntad de la mayoría y respetarla con un apoyo activo.
4. Yo no voté en Madrid, pero si lo hubiera hecho no le habría dado mi apoyo a Alberto. Me parece un liberal de boquilla, pero sobre todo un chaquetero y un indisciplinado. Igual lo encuentras oficiando una boda gay a pesar del rotunto rechazo a la Ley y las repetidas llamadas al orden de su partido que clausurando la reunión inaugural de la estafa Zapaterista de la Alianza de Civilizaciones.
5. El Partido popular no tiene que ser un partido de centro-derecha; tiene que ser lo que sus afiliados decidan. Si un millón de votos "centristas" se deciden por el hecho de que una persona esté o no en las listas es que hay 1 millón de personas que no saben qué votan. Entiendo que se vote a la persona en unas elecciones municipales; pero en unas nacionales lo que se vota es primero un programa, segundo una ideología y tercero a un equipo, insisto, un equipo, no a una figurita. Todo esto me recuerda a cuando miles de chicas se hacían fanáticas del Real Madrid porque era el equipo donde jugaba David Beckam... y cuando se fue el inglés dejaron de ver a "su" Madrid. Si el PP pierde las elecciones por ese millón de votos que las pierda, pero por lo menos sabrá que su electorado (el de siempre, el fiel, el que no bascula cada 4 años) es consciente de que en el PP priman las ideas a las personas y que no hay galácticos.
Como decía un profesor que me dió clase en primaria: "Chiquito, pa que te enteres, que en esta vida no hay nadie imprescindible... que tú pa mí... pshh, pshh, pshh".
6. El PP no debe acomplejarse por ser un partido de derechas. En Alemania gobierna Merkel (derecha) y en Francia Sarkozy (derecha) y no pasa nada. Lo que si debe tener cuidado es en no descontentar al sector liberal no religioso de su electorado. Los que pertenecemos a ese grupo vemos con cierto recelo el ascenso del núcleo Opus Dei del partido. Por una vez coincido con el presidente del Senado, el señor Javier Rojo (el apellido le viene que ni pintado), que en una entrevista publicada este pasado fin de semana decía que "si alguien en la Iglesia cree que tiene vocación política e ideas que defender que cree un partido y se presente a las elecciones".
Por todo esto me alegro de que Alberto Rúiz Gallardón no vaya al Congreso. No obstante creo que la forma, y sobre todo el momento (tan tardío) no ha sido el más adecuado y me extraña muchísimo porque considero que Rajoy es demasiado inteligente para cometer una torpeza así. Esperemos que tenga un as en la manga (además de el de Pizarro) porque el sabor de boca que esta decisión deja es, nos guste o no, muy negativo.
Por otro lado, Gallardón lo que debe hacer es cumplir lo que con tanta humildad decía en aquel encuentro digital... volverse a su Palacio de Comunicaciones y trabajar primero por los madrileños y segundo por que Rajoy y su partido ganen las elecciones. Así, si Mariano pierde y decide irse podría optar al proceso interno de sucesión con, además del apoyo de sus partidarios, el respeto y la admiración de sus detractores.
¿Será lo suficientemente gallardo nuestro mediático gallardón?
¡Saludos a todos!



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