Hoy me gustaría hablar de un tema ciertamente polémico: el derecho a morir dignamente. Entiendo que, al ser una cuestión que tiene una vertiente religiosa, las opiniones pueden ser muy dispares y la discusión encendida; por tanto yo me limitaré a exponer mis ideas sin pretender que parezcan verdades universales (de tal modo que si queréis podáis exponer vuestra propia opinión a modo de comentario a este post).
Al tratar el tema de la eutanasia lo primero, creo yo, que habría que discutir es lo siguiente: ¿a quién pertenece la vida?
Una persona religiosa, mejor dicho, una persona católica (el resto de religiones no se si tienen doctrinas similares) diría que la vida es un regalo de Dios y que por tanto le pertenece, y que sólo a Él le corresponde decidir cuándo venimos a este mundo y cuándo nos vamos de él. Esta filosofía se resume en la frase de la Carta de San Pablo a los Romanos: "En la vida y en la muerte somos del Señor" Rm 14, 7-9.
En cualquier caso, las consideraciones sobre si la Iglesia tiene o no derecho a erigirse en guardiana y poseedora de la integridad de millones de vidas ajenas deben quedarse en eso, consideraciones, ya que como personas libres son los propios cristianos los que deben decidir sobre quién dejan la responsabilidad de su muerte o a quienes encomiendan la posibilidad de acabar de forma anticipada con un hipotético sufrimiento. Es su elección.
Mi visión personal es que una vez que nacemos, la vida es sólo nuestra, aunque no podamos disponer completamente de ella hasta edades adolescentes de forma práctica o hasta los 18 años, con la mayoría de edad, de forma legal. La religión, para el que quiera adoptarla, debe ser un incentivo para ser mejor persona mientras vives, una hoja de ruta para un proyecto vital, una respuesta que dé sentido a una vida que, porqué no decirlo, nos ha sido 'impuesta' en la medida que fueron nuestros padres y no nosotros los que decidieron entregárnosla.
Si os fijáis, en las tres premisas aparecen palabras relacionadas con la vida; pero ninguna con la muerte. Bastante tienen los creyentes con el esfuerzo que les supone vivir conforme a los Mandamientos de Jesucristo (y los de la Iglesia, algunos de los cuales son más que discutibles), con la eterna espada de Damocles del pecado sobre sus conciencias, como para tener la obligación moral de entregar la potestad de decidir sobre su muerte a otras personas, o a Dios.
He hablado con algunos familiares sobre este tema, y más en concreto sobre unas declaraciones del arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián Aguilar:
«Jesús no tuvo cuidados paliativos, pero su muerte fue absolutamente digna porque la miró cara a cara y con confianza»
«¿Alguien puede decir que la muerte de Jesucristo no fue digna?»
Ellos están de acuerdo con el arzobispo (faltaría más) y sostienen que es legítimo que alguien desee entregar su sufrimiento como mecanismo para perdonar sus pecados o como mera muestra de confianza ciega en Dios. Muy bien. Los médicos de hace dos mil años no llegarían a ser hoy ni curanderos; las medicinas de aquel entonces no curarían ni un catarro del siglo XXI; los cuidados paliativos, por supuesto, no existían ni eran siquiera imaginables. Y sin embargo Jesús, sin llegar a pedirlos explicitamente, dijo después de una larga agonía:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34).
Y ahora me podéis replicar que esa frase es el inicio del salmo 22, que es uno de los mas esperanzadores de toda la Biblia, y lo que queráis, pero lo que está claro, al menos para mí, es que todo sufrimiento, más allá del inherente a la propia muerte y a la certeza de que ésta es cercana y segura, no tiene sentido alguno.
Y nomalmente cuando alguien muere, no muere sólo. Sus familiares más cercanos lo acompañan en esos últimos momentos y pueden verse obligados a sufrir de impotencia por no poder acabar con el sufrimiento o los dolores del ser querido.
Yo no quiero morir retorciéndome de dolor como un perro, ni me gustaría asistir a la muerte de alguien que desee morir así, porque no puedo entender su postura ni concebir tanto sufrimiento baldío. Llamadme egoista, pero así lo siento.
Y sin embargo, una vez más digo que eso es una elección personal que los demás debemos limitarnos a respetar.
Pero, ¿que ocurre con aquellos no creyentes que temen verse inmersos en una agonía dolorosa o en una enfermedad degenerativa y terminal? ¿no es legítima por su parte la reclamación de poder dejar de sufrir?
Al menos para atender la justa inquietud de los no creyentes ante su muerte, el Estado debería contemplar la posibilidad de que aquella persona que, en la creencia de que la decisión sobre su vida es sólo suya, considere que no le merece la pena continuar viviendo pudiese acabar de una forma digna con su existencia terrena.

Y todo ello sin menoscabar ningún derecho de otra persona: ningún médico debería verse obligado a practicar una eutanasia si sus convicciones religiosas se lo impiden; ninguna persona autorizada por el enfermo para ayudarle a morir debería ser juzgada por ello. Simplemente se podrían articular mecanismos por los cuales el acto último de accionar el proceso eutanasico dependa exclusivamente del enfermo o de una persona dispuesta a hacerlo por él y previamente autorizada.
Todo ello, partiendo de la base de que un facultativo verifique que una decisión tan importante como acabar con la vida propia (no se me ocurre elección más trascendental) ha sido tomada estando el enfermo en plena posesión de sus facultades mentales, desde la total libertad y sin ningún tipo de coacción, porque si no esto se convertiría en un salvoconducto para asesinatos legales.
Basta ya de que alguien que desea morir deba hacerlo en la absoluta clandestinidad, como si además de enfermo fuera un delincuente. No más Ramon Sampedro o Chantal Sebiré. Y quiero que conste que esto no es un alegato en pro de eliminar a todos los enfermos terminales. Nada más alejado de mi pensamiento. De hecho guardo en mi carpeta de papelajos un recorte de prensa de El País del 10 de Junio de 2006 con la historia de Carlos Carballo, un tetrapléjico que con tenacidad, esfuerzo y la ayuda de su mujer consiguió demostrar a un juez que podía expresarse mediante el movimiento de sus párpados y del único dedo de la mano que no le quedó paralizado, consiguiendo así que le fuera devuelta la capacidad jurídica. Vamos, algo así como lo contrario a Ramos Sampedro: Mar afuera. Eso son ganas de vivir y de luchar, pero eso no tiene tanta prensa como lo otro.
Unos quieren continuar y se ven con fuerzas para intentarlo; otros no. Lo importante es que cada uno de ellos pueda hacer lo que desea con plenas garantías y con la ayuda que pueda necesitar.
En este punto, y dado que anteriormente en este blog he expuesto algunas opiniones sobre ello, me gustaría destacar la sutil diferencia que hay entre un aborto y una eutanasia: en la eutanasia una persona decide acabar con su propia vida; en el aborto una persona (o varias, o la conjunción de muchas circunstancias) deciden impedir una vida ajena, la de alguien que ni siquiera tendrá la legítima oportunidad de intentar sobrevivir y decidir, llegado el momento, por si mismo sobre su vida.
La vida no es una elección libre, pues son nuestros padres los que deciden por nosotros, ¿que menos, pues, que la muerte sí lo sea?



6 comentarios:
De la foto hacia arriba. Ataque frontal a la Iglesia Católica y a la inteligencia de cualquier Católico. Lamentable y absolutamente falto de contenido. Argumente mejor sus críticas señor Krugger...
Interesante que este blog tenga un moderador (censurador) de comentarios
Es absolutamente necesario un moderador para permitir que la gente opine anonimamente (como ha podido hacer usted) y para garantizar que los comentarios no son ofensivos y están relacionados con el tema del post o con temas anteriores.
Perdón por las molestias que este hecho pueda ocasionar.
Hasta hoy parecía el autor de este blog un señor medio con ideas. Si alguna vez las tuvo, hoy han muerto.
Un mendeliano que apoya al anónimo de arriba
" En cualquier caso, las consideraciones sobre si la Iglesia tiene o no derecho a erigirse en guardiana y poseedora de la integridad de millones de vidas ajenas "
Viva el desconocimiento sobre el tema!!
Que un católico manifeste o crea que su vida pertenece a DIOS no quiere decir que la IGLESIA (todos los católicos) tenga la propiedad sobre ella.
Mal señor Krugger, mal
Evidentemente no son todos los católicos quienes poseen la guarda y custodia de las vidas de los demás católicos. Lamento si me he expresado mal en este punto.
Lo que si creo es que las opiniones de los sacerdotes, obispos y en última instancia del Papa (como representantes de Dios en la Tierra para los católicos) pueden llevar a determinadas personas a rechazar los cuidados paliativos o la eutanasia (católicos de aquellos paises donde ésta es legal), siendo pues dichas opiniones causa de un incremento del sufrimiento para los susodichos enfermos.
Si eso es bueno o malo, digno o indigno es una opinión personal. Yo ya he expuesto la mía (no niego que con alguna crítica a la Iglesia y pido perdón si ofendí a alguien), pero también he dicho que hay que respetar la voluntad de todos (la de los que desean morir y la de los que desean vivir; y por supuesto la de aquellos católicos para los que su vida debe estar sólo en manos de Dios).
Además, como en todos, dentro de la Iglesia hay voces discrepantes en cuanto a la posición ante los cuidados paliativos y la eutanasia, http://blogs.periodistadigital.com/religiondigital.php/2008/03/22/el-teologo-tamayo-tacha-de-antievangelic, lo que nos da una idea de lo complicado y polémico del tema que nos ocupa.
¡Un saludo a todos!
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"Y sin embargo se mueve" (frase atribuida a Galileo Galilei)
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