Después de 12 días sin escribir me animo a reintentar mantener actualizado kruggerland debido a la "avalancha" de correos recibidos pidiéndomelo. :-) . Lo cierto es que si que me han llegado algunos, y yo me debo a mis lectores.
Me gustaría hablaros hoy de un tema algo espinoso: la prostitución. Cualquiera que haya recorrido el metro madrileño, escuchado la radio o visto la televisión en el último mes se habrá topado con alguno de los anuncios de la campaña 'Porque tú pagas existe la prostitución', financiados con dinero público de todos los madrileños gracias a la concejala de asuntos sociales, legionaria de Cristo y esposa de expresidente Doña Ana Botella.
La campaña, que se debería enseñar como ejemplo en las academias para demagogos, consiste en la asociación perversa de la prostitución con lindezas como el tráfico de drogas o el tráfico de armas, y en hacer responsable último de estos delitos al consumidor de servicios sexuales.
Veamos: ¿Es la prostitución en sí un problema? Yo creo que no. Evidentemente hay situaciones "asociadas" a la prostitución que resultan molestas para la ciudadanía o perniciosas para la imagen de la ciudad, pero me atrevería a afirmar que ninguna de ellas es culpa de las propias trabajadoras sexuales.
Desde el punto de vista jurídico penal, la legislación española no considera la prostitución como constitutiva de delito, únicamente lo son las situaciones relativas a la misma que suponen una limitación de la libertad sexual de la víctima o el aprovechamiento de su situación de debilidad o que favorecen la prostitución de menores o incapaces: favorecimiento de la prostitución de menores o incapaces, determinación a la prostitución mediante violencia, intimidación, engaño o abuso de situación de superioridad, necesidad o vulnerabilidad, utilización de menores e incapaces en espectáculos exhibicionistas o pornográficos o para elaborar material pornográfico, corrupción de menores, incumplimiento de deberes asistenciales.
Evidentemente para aprovecharse de alguien más débil se deben dar dos supuestos: primero la existencia de alguien dispuesto a aprovecharse basándose en una posición de fuerza y segundo la condición de desamparo de la víctima.
Respecto al primer punto, las mafias internacionales han sustituido al tradicional 'chulo' independiente, y es que esto de la globalización ha acabado con el "pequeño empresario" (obsérvese la ironía) a todos los niveles. Son los peces gordos del crimen los que rodean de escoria al mundo de la prostitución: introduciendo en él a otros delincuentes menores, que aprovechan el (amplio) mercado existente para surtir de clientes sus trapicheos; generando mercados de personas que traen engañadas desde países subdesarrollados para obligarlas a prostituirse en España; utilizando menores de edad para ejercer la mendicidad por el día y la prostitución por la noche.
Estas mismas mafias le deben gran parte de su poder y su dinero a la absoluta ausencia de voluntad de las administraciones a la hora de defender a las prostitutas, las únicas que de verdad trabajan para que el resto de los eslabones de la cadena delictiva puedan lucrarse. Pasa en este caso lo que ocurre siempre, que es que ante una situación delicada en la que caben varias soluciones siempre escogen la más fácil: prohibir, perseguir, reprimir.
¿Por qué no regular la prostitución como una actividad económica más? ¿Por qué no ofrecerles a las trabajadoras sexuales unas condiciones dignas de trabajo, la posibilidad de cotizar como cualquier otro trabajador y una legislación que establezca normas de seguridad laboral básicas? ¿No existen en los alrededores de nuestra ciudad polígonos 'temáticos' (Ciudad de la Imagen, Ciudad de la Justicia...)? ¿Por qué no reunir todo el negocio del sexo en torno a uno de estos espacios?

Porque es la solución dificil.
Requeriría modificar la ley, crear convenios laborales que contemplen los derechos de las prostitutas (y de los clientes) y las obligaciones de los clientes (y de las prostitutas), reservar terrenos para que los empresarios pudieran concentrar sus locales... y todo esto es demasiado trabajo para los políticos.
Lo fácil es prohibir. Comenzar una campaña de persecución del cliente y de hostigamiento de las prostitutas: ¿que se concentran en el Polígono Marconi?... pues cerramos al tráfico el polígono los fines de semana y obligamos a los vecinos a mostrar tarjetas identificativas para entrar o salir de su barrio... ya se irán las putas a otro sitio y dentro de unos meses volveremos a hacer lo mismo (Paseo de Camoens, Travesía de la Casa de Campo...) y así hasta que se les acaben las posibles ubicaciones y nadie pueda entrar con su coche a ningún sitio sin autorización.
Es algo así como el botellón: antes la gente se concentraba en 5 o 10 plazas del centro de la capital. En vez de habilitar recintos para que los jóvenes desarrollasen él 'fenómeno social' que de hecho es el botellón se decidió prohibirlo y sancionarlo. Conclusión. Ahora la gente se dispersa en grupos de 4-8 personas en todos y cada uno de los bancos de los parques de todos los barrios de la ciudad. El problema sigue ahí y no sólo no se ha resuelto sino que se ha expandido, pero como los vecinos ya no se quejan tanto porque a todos les cae su parte de problema pues hacemos como que nuestras preclaras mentes han resuelto el problema y a otra cosa mariposa. Pero bueno, este tema del botellón es otra de mis debilidadaes y no quiero irme del tema original.
Cualquiera que viva en una gran ciudad sabe que la prostitución es un hecho imposible de erradicar, no sólo porque hay un mercado potencial de clientes y mientras lo haya seguirá existiendo (es decir, existirá por siempre) sino porque no necesita ser erradicado.
Lo que hay que erradicar es a toda esa escoria que se aprovecha del trabajo de estas mujeres (y hombres), perseguirlos y llevarlos ante la justicia. Y mientras tanto regular un negocio que todo el mundo ve, al que todo el mundo puede acceder pero que las administraciones se empeñan en ignorar. Que coticen como cualquier trabajador; que paguen sus impuestos como cualquier trabajador; que ejerzan en locales con garantías de higiene y seguridad en los que la policía se dedique a protegerlas y a controlar la correcta conducta de los clientes y a evitar la aparición de los 'mercados paralelos' en vez de ocuparse de putearlas (nunca mejor dicho). Y sobre todo, que sean libres, tanto a la hora de decidir prostituirse como a la hora de hacerlo.
Requeriría modificar la ley, crear convenios laborales que contemplen los derechos de las prostitutas (y de los clientes) y las obligaciones de los clientes (y de las prostitutas), reservar terrenos para que los empresarios pudieran concentrar sus locales... y todo esto es demasiado trabajo para los políticos.
Lo fácil es prohibir. Comenzar una campaña de persecución del cliente y de hostigamiento de las prostitutas: ¿que se concentran en el Polígono Marconi?... pues cerramos al tráfico el polígono los fines de semana y obligamos a los vecinos a mostrar tarjetas identificativas para entrar o salir de su barrio... ya se irán las putas a otro sitio y dentro de unos meses volveremos a hacer lo mismo (Paseo de Camoens, Travesía de la Casa de Campo...) y así hasta que se les acaben las posibles ubicaciones y nadie pueda entrar con su coche a ningún sitio sin autorización.
Es algo así como el botellón: antes la gente se concentraba en 5 o 10 plazas del centro de la capital. En vez de habilitar recintos para que los jóvenes desarrollasen él 'fenómeno social' que de hecho es el botellón se decidió prohibirlo y sancionarlo. Conclusión. Ahora la gente se dispersa en grupos de 4-8 personas en todos y cada uno de los bancos de los parques de todos los barrios de la ciudad. El problema sigue ahí y no sólo no se ha resuelto sino que se ha expandido, pero como los vecinos ya no se quejan tanto porque a todos les cae su parte de problema pues hacemos como que nuestras preclaras mentes han resuelto el problema y a otra cosa mariposa. Pero bueno, este tema del botellón es otra de mis debilidadaes y no quiero irme del tema original.
Cualquiera que viva en una gran ciudad sabe que la prostitución es un hecho imposible de erradicar, no sólo porque hay un mercado potencial de clientes y mientras lo haya seguirá existiendo (es decir, existirá por siempre) sino porque no necesita ser erradicado.
Lo que hay que erradicar es a toda esa escoria que se aprovecha del trabajo de estas mujeres (y hombres), perseguirlos y llevarlos ante la justicia. Y mientras tanto regular un negocio que todo el mundo ve, al que todo el mundo puede acceder pero que las administraciones se empeñan en ignorar. Que coticen como cualquier trabajador; que paguen sus impuestos como cualquier trabajador; que ejerzan en locales con garantías de higiene y seguridad en los que la policía se dedique a protegerlas y a controlar la correcta conducta de los clientes y a evitar la aparición de los 'mercados paralelos' en vez de ocuparse de putearlas (nunca mejor dicho). Y sobre todo, que sean libres, tanto a la hora de decidir prostituirse como a la hora de hacerlo.

Pero no. Ana Botella ha decidido que la culpa del tráfico de armas y de droga (además del terrorismo internacional) la tienen los clientes, puteros de ayer y de hoy como el que escribió esto en un foro del 20 Minutos refiriendose a los clientes de meretrices: "solteros, casados, jóvenes, maduros, viejetes, tíos con pasta, chavalines que no ligan y se gastan la paga entera en irse de putas, gente que va "a probar", grupos de amigos que van "de vacile", gente que busca el morbo por una noche.... y gente que se siente muy sola. Sí, sola, frustrada, desgraciada y abandonada, gente para la cual el sexo es lo de menos (aun resultando satisfactorio), gente que busca sobre todo recibir un beso, una caricia, una sonrisa, unas palabras bonitas.... aunque sea todo "falso", aunque sea pagando, pagando y muchas veces privándose de muchas otras cosas para poder llegar a final de mes. Pero ese beso, esa caricia, esa sonrisa, merecen la pena, merecen el gasto. Esos momentos efímeros son casi la única alegría para muchas personas que quizás de otra manera no encontrasen motivos verdaderamente valiosos para seguir viviendo".
Lo que no se es lo que pensarán de esta campaña las propias prostitutas. No ya las de alto standing que cobran millones de pesetas al mes (que a buen seguro, como bien sabe la Botella, sirven para financiar los kalashnikov de la insurgencia iraquí. ¡Que insulto a la inteligencia!), sino las asociaciones que agrupan a las prostitutas de la calle (como Hetaira, que hace años que lleva publicitando sus reivindicaciones), las más desprotegidas por esa misma concejala que no sólo se empeña en hostigarlas sino que ahora quiere dejarlas sin trabajo haciendo sentir culpables, de la forma más burda, a los clientes.



2 comentarios:
Me parece muy acertado que aportes el mayor número de datos posibles, y si son relevantes pues mejor.
Lo digo por eso de adjuntar al nombre de Ana Botella el apelativo de "legionaria de cristo"...
Pincelín
Tienes razón, amigo JoseRa. La propia señora Botella desmintió en una entrevista pertenecer a este grupo religioso. Según sus propias palabras "si hubiera pertenecido a este grupo no lo hubiera ocultado, porque es muy respetable".
Me temo que algunos niños mejicanos no piensan lo mismo que la señora Botella, pero no quiero caer en la demagogia. Tienes razón en que el dato aportaba poco al artículo. Lo único que quería destacar es que tal vez las convicciones religiosas de la concejala estuvieran influyendo en sus decisiones políticas.
¡Espero que tu espalda esté totalmente recuperada!
¡A ver si nos vemos pronto!
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