Imagino que recordaréis "El Principe y la Golondrina", aquel cuento infantil en el que una golondrina es convencida por la estatua de un principe colocada en una plaza para que posponga su migración anual para que le ayude a repartir las riquezas que adornan el busto de piedra entre los habitantes de la ciudad.
Pues bien, el pasado jueves se vivió en el Recinto Ferial de la ciudad de Pozoblanzo un hecho que supone una vuelta de tuerca más al subgénero de la ficción que versa sobre monolitos de piedra que adquieren vida propia.
En la disco-caseta Gabbanna, los dueños, con un gusto exquisito y posiblemente asesorados por un 'interiorista'/peón albañil (de la especialidad de casetas de feria y tómbolas de chapa) tuvieron a bien instalar junto a la entrada de la caseta un grupo escultórico formado por dos leones de piedra de 1'60 m de altura que delimitaban un pequeño estanque de unos 2 m de diámetro en el centro del cual se había instalado una reproducción en miniatura (1'50 m de altura) de la Venus de Milo.
Os dejo un pequeño esquema que he hecho con el Paint para que os hagáis una idea: (es bastante casposo y pido perdón por ello, pero no me fue posible obtener una foto del lugar de los hechos)

Pues bien, el día de autos, a eso de las 4 am, la citada caseta se encontraba atiborrada de gente, tanto que esporádicamente caían gotas de sudor recondensado desde el techo de lona de la caseta (como suele ocurrir también el la Feria de Córdoba).
Un amigo mío, al que identificaremos como A. para evitar represalias, después de dar buena cuenta de una botella de Four Roses, se presentó en la puerta de la disco-caseta, quedando muy contrariado por el nivel de densidad poblacional (7 personas/m2 aprox.) del lugar.
Viendo a sus amigos en la otra punta y teniendo sus facultades mermadas por el etanol, asumió como vereda transitable el espacio entre los leones y la Venus, tomando ese camino e introduciendose en el estanque hasta los tobillos. Posteriormente, al pasar entre ambas esculturas dió un golpe fortuito a la Venus de Milo, que se quedó de piedra (este último chiste podría haberlo hecho Matias Prats perfectisimamente). Nuestro amigo A., muy educado, pensó que la estatua era una persona de verdad y se colgó de su cuello para presentarle sus excusas por el mencionado golpe.
Sus palabras fueron algo así como : "Uy, perdona, que ha sido sin querer"
Con tan mala suerte que al enroscar su brazo en el cuello de la escultura, esta perdió el centro de gravedad y cayó a plomo sobre uno de los leones laterales, quedando decapitada en el acto.
Ante tal cúmulo de desgracias, A., tras comprobar que no había sido observado por el personal de seguridad, decide cabalmente hacer mutis y consigue estar en la otra punta de la caseta en menos de 5 décimas de segundo.
Posteriormente, el portero se percata del estropicio, y tras rascarse la coronilla pensando cómo ha podido cometerse un atentado de tal calibre sin que él se diera cuenta, trata de levantar la estatua pero no puede, así que separa la cabeza y la deja un poco apartada, hecho que aprovecha otro amigo, que tras ser informado por A. de la historia, consigue apoderarse de ella y sacarla del local sin ser descubierto, para alegría y gozo de todo el grupo de borrachos.
El resto de la feria, el grupo escultórico quedó deslucido ante la falta de la cabeza de la Venus, y nosotros quedamos encantados porque cada vez que veíamos la estatua nos echábamos unas risas.
Hay que ser muy personaje para confundir con una persona real a una estatua: sobre todo a una que mide 1'50 m, no tiene brazos, está en mitad de un estanque, ¡y va en top-less!.
Es un detalle indicativo de que a esas horas y con esas tasas de alcohol en sangre, hay muchos que no tienen inconveniente en tirarle los trastos a cualquier cosa...
Como dice el dicho popular:
"A las 12 todas son gordas; a las 4 no hay gordas para todos."
P.D.: Ya se ha terminado la Feria. El lunes me reincorporo a mi vida estudiantil. Ya estoy entonando el ¡Pobre de mí!



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